La Causa de las Enfermedades

‘- ¿Volthor, tengo entendido que sufrir puede hacernos enfermar, es eso cierto? – Lo que enferma nuestro cuerpo no es el sufrimiento, sino la ausencia de movimiento del sufrimiento: intentar encerrar el sufrimiento en la estrecha celda del “por qué a mí” y olvidarnos de nuestra naturaleza es la verdadera causa por la que nos ponemos

Relatos Cortos – 5. El Silencio.

Volthor acerca la palma de su mano izquierda a la mejilla de Aldar y sin llegar a tocarle, éste intuye el mensaje de su mentor al tiempo que escucha un susurro: – Bienvenido Aldar. El muchacho se resiste a abrir los ojos, pero el toque de atención de su maestro le despierta la mente y

Relatos cortos – 4. El Encuentro.

‘-¡Maldita sea! Ya he vuelto a clavarme otra astilla – Exclamó Aldar de nuevo como la noche anterior, pero esta vez no estaba su madre delante para reprender su elevado volumen de voz, tan solo un herrerillo que despegó precipitadamente su vuelo matinal empujado por aquella exclamación. Unos minutos después ya había terminado de recoger en

Relatos Cortos – 3. Meditación

Relatos Cortos 3. Meditación. (Versión Corta) De retorno a su casa, Aldar reflexivo pensó, -Sí, esta noche practicaré meditación, y quedaré mañana ante Volthor  como un alumno aventajado. Aquella noche Aldar se retiró a su dormitorio antes de lo habitual -¿Dónde vas Aldar? -preguntó Rhilda, su madre. – Voy a acostarme, mañana he quedado temprano

Relatos Cortos – 2. El Diamante.

2. El Diamante. Aldar sabía de su naturaleza Tae Yang, su maestro Volthor le había explicado ya el por qué de las diferencias entre los seres humanos. Sabía que los conocidos como raza Tae Yang eran aquellos que tenían en sí la misma naturaleza energética que tiene el elemento metal en la naturaleza. Entonces pensó: 

1. Constitución Energética y Genuinidad El joven Aldar se encontraba paseando aquella mañana fresca y agradablemente lluviosa de primavera, cuando la fragancia de un lilo cercano llegó hasta su nariz. Desviándose de su trayectoria se acercó hasta él para hundir su rostro entre las flores y cerrando los ojos inhalar profundamente aquel aroma que llamó